
El evangelio es la idea central en las Escrituras, Cristo es el Evangelio; pero es una ironía pensar que no siempre lo es en quién es su principal heraldo, la Iglesia. Debemos preguntarnos si la forma en que entendemos y expresamos el Evangelio del Reino realmente refleja lo que las Escrituras enseñan… o si solo usamos algunos aspectos del mismo para elevar nuestros planes (movimientos y visiones organizacionales) que promueven el humanismo.
Encuentra algunas referencias al final.
Y quizá ahí está el punto más delicado: hemos aprendido a hablar del Evangelio del Reino sin vivir bajo su autoridad y parámetros. El humanismo nos enseña a mirar hacia adentro; el Evangelio, a mirar a la cruz. Mientras el primero busca exaltar al hombre, el segundo lo llama a negarse a sí mismo. El humanismo construye desde la autosuficiencia; el Evangelio, desde la rendición. El primero dice “cree en ti”, el segundo dice “muere a ti”. Y solo cuando volvemos a ese lugar (al centro donde Cristo es suficiente) entendemos que el Reino no se edifica con estrategias, sino con corazones quebrantados y rendidos.
En un mundo donde lo masivo se impone, el consumismo domina la vida de las personas, el éxito se ha convertido en la nueva medida del valor, y la vida cotidiana parece un castigo, es urgente volver al mensaje central del evangelio. Es necesario impedir que estas ideologías y formas de pensamiento penetren en la iglesia al punto de transformarla en un producto más del consumo masivo.
Hoy la iglesia pende de un hilo muy fino que la separa de convertirse en aquella a la que el Señor Jesús le volcó las mesas (Mateo 21:12–13), o aquella a la que Él está tocando a la puerta para entrar (Apocalipsis 3:20). Cada día, la imagen de la iglesia se asemeja más a la de sus predicadores que a la del Señor Jesús. Nos ocupamos más en adaptar lo que Él dijo a lo que nosotros queremos, que en vivir conforme a lo que Él mandó.
Tim Keller escribió: “El mayor peligro no es que dejemos de creer en Dios, sino que usemos a Dios para conseguir lo que realmente queremos.”
Esa es la esencia del problema: un evangelio que se predica para alcanzar éxito, estabilidad o autoestima, pero no para exaltar a Cristo. En palabras del mismo Keller: “El evangelio no es solo el ABC de la vida cristiana, es la A a la Z. No solo nos salva, sino que nos transforma completamente.”
El resultado de alejarnos de esa verdad es evidente: vidas divididas, sincretismo religioso y una sutil hipocresía. Denunciamos al mundo, pero en muchos aspectos somos como él. Así, el mensaje del evangelio se diluye, pierde su filo y su poder transformador.
La meta no es decir algo nuevo ni buscar una revelación novedosa. Como diría Keller: “No necesitas algo más que el evangelio, sino más del evangelio.”
Necesitamos regresar a la verdad pura y al sentido original de las Escrituras: Cristo en el centro, y todo lo demás en su lugar.
por Hassan Barros
Únete a the MASKIL Club | Suscríbete
CITAS:
El llamado del Evangelio un llamado a cargar la cruz, morir a uno mismo, nacer de nuevo: Mt. 7:13–14; 10:38–39; 16:24–25; 8:34–35; Lc 9:23–24; 14:27–33; Jn 3:3–7; 12:24–26; Ro. 6:3–11; Gá 2:20;5:24; Fil 3:7–10; Col. 3:1–3; 2 Tim. 2:11–12; 1 P. 2:21
El Evangelio es el centro de las Escrituras: Gn. 3:15; Is.52:7; 53:1–12; Hab. 2:4; Mc. 1:14–15; Lc. 24:25–27; Jn. 3:16; Hch. 10:36–43; Ro. 1:1–4; 1:16–17; 1 Co. 15:1–4; Gá.1:6–9; Ef. 1:9–10; Col. 1:19–20; 1 P. 1:10–12; Ap. 14:6–7
El Evangelio es la historia de Dios: Gn. 1:1–3; 3:15; 12:1–3; Éx. 6:6–7; Sal.96:2–3; Is. 40:3–5; Is. 61:1–3; Mt. 1:21–23; Jn 1:1–14; Hch. 13:16–41; Ro 5:12–21; Ef. 1:9–10; Fil. 2:5–11; Col. 1:13–20; Ap. 21:1–5
El Evangelio es Dios/Cristo: Jn 1:1–4; 1:14; 14:6–9; Ro. 1:3–4; 2 Co. 4:4–6; Gá. 1:11–12; Ef. 3:8; Col.s 1:15–20; 2:9; 1 Tim. 3:16
El Evangelio es un anuncio: Is. 52:7; Lc. 4:18–19; Mc. 1:14–15; Hch. 8:12; 13:32–33; Ro. 10:14–17; 1 Co. 9:16; Ef. 6:19; 1 P. 1:25; Ap. 14:6
El Evangelio es la metodología de Dios para prepararnos para los últimos tiempos: Mt. 24:14; Mc 13:10; Ro. 8:29–30; 16:25–26; 2 Tes. 2:13–15; Tit. 2:11–14; 1 P. 1:13–16; Jud. 1:20–21; Ap. 14:6–7; 19:7–8
El Evangelio es el plan de redención para la humanidad: Gn. 12:1–3; Is. 9:6–7; Jer. 31:31–34; Lc 2:30–32; Hc. 2:23; Ro. 8:28–30; Ef. 1:4–10; 2 Tim. 1:9–10; He. 13:20–21; 1 P. 1:18–20